Había
entrado a trabajar como practicante al Museo del Acero en Fundidora, me pagan
poco, daba recorridos a grupos de estudiantes de escuelas de escasos recursos.
Mi labor era controlar el ganado básicamente y esforzarme por hacer a los
estudiantes sentirse humanos y que tenían una oportunidad en la vida al menos
una vez para que todo fuera diferente, pues casi todos venían de familias
disfuncionales, padres alcohólicos, mamás con muchos hijos, unos abandonados y
cosas más tristes. El lugar tenía un ambiente jovial y entusiasta, había chicos
haciendo servicio social, y uno de ellos era Paolo. Yo caminaba de regreso a
casa y hacía alrededor de quince minutos, en ese entonces el Río Santa Catarina
estaba pavimentado y se podía cruzar hacia el parque España sin tener que
rodear las avenidas, así que de regreso me acompañó Paolo. Me venía hablando de
la palabra de Dios, que él estaba perdido, y ahora iba a un grupo cristiano,
donde Jesús salvó su vida. Le dije que parecía interesante y no dudó en
invitarme. Pasó por mí un sábado y fuimos al colegio Maranata, eran como las
siete de la noche, la cita era en una sala grande con sillas, una mesa en el
medio, y un hombre joven hablando de las tentaciones del diablo. Luego
comenzaron a cantar, todos estaban cantando y brincando, quería ir de ahí,
necesitaba una cerveza para calmar ese susto. Y bueno luego hubo una especie de
pausa y salimos y me encontré a Pamela y a Perla, eran hermanas, las conocí
cuando iba en la prepa, Pamela era blanca y tuvo problemas para socializar
porque se volvió adicta a un juego de rol en línea, Perla era morena de cabello
chino, le gustaban las hamburguesas y el sexo oral, no bebía ni fumaba. Yo dejé
de hablar con Perla cuando supe que un amigo de la prepa se la dio, a mí me
gustaba, yo la quería bien. Pamela me vio y me fue a saludar, qué bueno que
estás aquí, le pedí a Dios que salvara a mis verdaderos amigos y aquí estas. Yo
recuerdo que nunca había hablado más de media hora con Pamela. Regresamos al
salón, y el pastor habló de un retiro y todos estaban emocionados, luego
cantaron canciones, canciones cristianas, todo hablaba de Jesús, al salir Paolo
me presentó a un amigo de él, era chaparro, moreno, no tenía mucha
personalidad, hablamos un poco, le dije que escribía poesía, yo también escribía
pero lo dejé de hacer porque ofende a Dios ¿Por qué piensas que la poesía
ofende a Dios? Porque es para alabar otras cosas y solamente debemos alabar a
Dios. Me dio una sensación de pánico y náusea, sentí que todo lo que hacía
merecía el infierno, no podía hablar de beber, de fumar, de chicas, de
literatura porque la única referencia válida para ellos eran libros escritos
por autores cristianos y la Biblia, aunque no conocían su verdadero origen. Yo
quería irme, pero me quedaba demasiado lejos la parada del camión, el grupo
cristiano organizó una cena , no estaba lejos de ahí, fue en casa de uno de los
grupo, me fui con Paolo y me preguntaba que qué me parecía el ambiente, le dije
que estaba bien que creyeran en algo. Y llegamos, Perla me saludó, había varios
grupos hablando, su único tema de conversación era el retiro. Yo les explicaba
cómo se parecía la doctrina de Cristo a la de Buda y al verdadero Islam, me
vieron raro, como si les incomodara que les platicara de algo en lo que no
quieren creer. Así somos la gran mayoría, los puede incomodar algo que sea
cierto y no queremos creer. Dieron tostadas ¿Tanto esperé para unas tostadas? En
la casa éramos cerca de veinticinco personas, estaba lloviendo y algunas calles
de alrededor estaban inundadas. Llegó uno de los cristianos con noticias:
Amigos dos de nuestros hermanos se quedaron atrapados en la lluvia sin batería,
y yo dije qué bien, vayan a ayudarlo hay demasiados coches aquí. Y todos
hicieron un gesto de preocupación, luego el cristiano que trajo las noticias
les dijo a todos hay que orar para que el coche pueda salir de ahí. En ese
instante murió mi fe en esa secta ¿cómo habiendo tantos para ayudar se quedaron
rezando? No era el problema de la secta, era el problema del mundo, los buenos
deseos, desear el bien no basta, hay que salir a actuar, tener coraje. Salí de
la casa, tenía sed, así que en medio de la lluvia caminé hacia la avenida, no
me despedí de nadie, paré un taxi, le mandé un mensaje a Roberto ¿Estás en tu
casa? Necesito una caguama.
El hombre del telescopio que apuntaba a las lunas de Júpiter, Quetzal Noah